Habito 2º: Empezar con un fin en mente

LIDERAZGO, Hábito 2: EMPEZAR CON UN FIN EN MENTE

Este hábito es uno de los más generales y no por ello menos aplicable que los restantes. De hecho, aplica en todos los ámbitos de desarrollo, empezando por nuestra vida personal. Se trata de una actitud, que trasladada a nuestro ámbito laboral nos permitirá concentrar esfuerzos y optimizar recursos.

Lo que nos plantea el segundo hábito

Este hábito nos dice que debemos empezar con un fin en mente, pero ¿qué significa empezar con un fin en mente?

Cuando visualizamos el fin último de nuestras acciones, estamos definiendo un marco de referencia general. En ese marco, encuadraremos nuestras conductas y planes de acción, de forma que logremos llegar a esa meta. Es algo así como definir un destino al cual quisiéramos llegar. Una vez que lo tenemos claro pasamos al segundo paso: diseñar la estrategia para poder llegar a ese destino.

Hay un ejemplo que suele resultar muy ilustrativo al momento de comprender este hábito.

Imaginemos el día de nuestra muerte. Aunque parezca demasiado triste o negativo el ejemplo, es realmente útil para comprender en profundidad el espíritu de este hábito.

Ejemplo ilustrativo:

Piensa en el día de tu muerte. Piensa cuál sería el tipo de velatorio que tendrías, y ya tienes una primera decisión: puedes manifestar con anticipación a tus seres queridos cómo sería ese funeral o dejarlo librado a sus voluntades.

Ahora piensa en las personas que estarían presentes, y en cuáles serían sus comentarios. Por un momento, haz un minucioso análisis introspectivo y sé sincero contigo mismo. ¿Qué te gustaría que cada uno de los presentes dijeran de ti? Piensa en tu esposa o esposo, hijos, amigos, etc. Ahora piensa en el dramático, pero posible hecho de que tu muerte ocurriera muy pronto. ¿Habría diferencias entre lo que dirían hoy esas personas y lo que desearías? Seguramente que la gran mayoría de las personas responderíamos que SI. De esta forma se establece un inmediato compromiso y fin que lograr. Sabemos qué deseamos que dijeran de nosotros y sabemos que todavía tenemos pendiente cosas para hacer y que eso suceda.

Tener un fin muy claro en nuestra mente, y saber con precisión a donde queremos llegar, pero sabiendo de donde partimos. Este es el espíritu y el concepto detrás de este hábito.

Otra forma ilustrativa de verlo es pensar, que cada acción o plan que deseamos llevar a cabo debemos crearla dos veces: la primera vez debemos visualizarla, imaginarla y pensar cada detalle en nuestra mente. La segunda es materializar esa idea, llevarla a términos físicos y tangibles.

 

Cómo incorporar el segundo hábito en nuestro rol de gestores de Calidad

Cuando hemos comprendido la importancia de tener un fin en mente, podemos pasar al siguiente paso: ser líderes de ese fin, de forma que podamos alcanzarlo con total éxito.

Cuando trabajamos en Sistemas de Gestión, tenemos muy claro la importancia de definir con precisión la misión de la organización. Una vez más, pasamos al terreno personal y veamos qué pasa con nuestra misión personal. A veces puede sorprendernos que aún no la tenemos muy clara. Hay que trabajar entonces para definirla.

Si tienes un grupo de trabajo a cargo, entonces es sencillo comprender la necesidad de ser buenos líderes. Para ello debemos ejercitar nuestro liderazgo personal. Una vez que hacemos el ejercicio de definir nuestro fin, nuestras prioridades y lograr ser constantes con ello, podremos pasar al siguiente paso. Este consiste en que podamos ser verdaderos líderes de nuestro equipo de trabajo. Pero recuerda, ello solo será posible después que logramos liderarnos a nosotros mismos.

Algunas acciones que nos van a ayudar:

  • Definir nuestra misión personal. Define lo que quieres hacer de ti, y la forma en que deseas llegar a eso.
  • Identificar y reconocer nuestro círculo de influencia. Todos, absolutamente todos tenemos nuestro círculo de influencia. En ocasiones no somos consciente de cuáles son sus límites con exactitud. Como consecuencia podemos incurrir en dos errores:

 

  1. Preocuparnos más de la cuenta, creyendo que podemos cambiar y actuar sobre lo que en verdad escapa a nuestro alcance.
  2. Frustrarnos por no lograr cambios ni avances, ya que se adueña de nosotros un miedo que nos paraliza. A veces ese miedo se disfraza de diversas maneras, pero el resultado siempre es el mismo: no actuamos y esperamos que las cosas se den espontáneamente.

 

  • Conocer cuál es nuestro especial centro de atención. Todas las personas tenemos un área de nuestra vida a la que somos más sensibles por decirlo de cierta forma. Para algunos la pareja por ejemplo es el centro entorno al que gira su vida. Para otros, el trabajo es lo esencial y todas las energías son puestas en ello. Una vez que identificas cuál es tu caso, puedes trabajar en eso. Tanto si deseas continuar en una dirección o cambiar el rumbo, debes tener claro el punto de partida.
  • Saber cuáles son nuestros roles. Sabemos que nuestro cargo en el trabajo es el de una jefatura de Calidad por ejemplo. ¿Pero siempre tenemos claro que además de jefes, somos líderes, referentes y actores estratégicos para muchas personas? En la medida que dimensionemos mejor el alcance de nuestras tareas y responsabilidades, seremos más efectivos.

 

 

Que te ha parecido este segundo hábito? Crees que lo podrás poner en marcha? Cuéntame en que pensabas cuando lo leías, te estabas viendo reflejado?

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